Elogio del silencio

Romano Guardini

Reproduzco a continuación un fragmento del libro “Cartas sobre la formación de sí mismo”, escrito por el filósofo Romano Guardini en la década de 1920. Se trata de una reflexión sobre el valor del silencio, especialmente lúcida y actual para nuestra vida contemporánea, sometida a la constante recepción de mensajes, palabras e imágenes. Este elogio del silencio es, en el fondo, una reivindicación de la palabra verdadera. El fragmento permite apreciar también la prosa serena, honda y poética de este gran pensador italo-germano.

***

El silencio consiste en algo más que en no hablar. Es una cierta plenitud en sí mismo. Cuando hablamos no escuchamos, no miramos, sino que estamos metidos en la tarea de bregar y dar forma. En cambio, quien calla tiene los ojos abiertos y el oído a la escucha, y su corazón se ensancha. Puede notar, mirar, percibir. Una vez lo experimenté con especial viveza. Varios de nosotros caminábamos por el campo, hablando. Involuntariamente íbamos mirando al suelo a fin de mantener bien asidas nuestras ideas. A nuestro alrededor, los pájaros cantaban, soplaba el viento y se extendían los campos. Pero nosotros no veíamos ni oíamos nada de todo eso. En cambio, cuando vamos solos los ojos del corazón están abiertos. Vemos los colores y las formas, y percibimos el espacio en toda su plenitud.

Solo el silencio nos abre el oído para el sonido interior de todas las cosas, del animal, del árbol, de la montaña y de la nube. La naturaleza se torna plana para el que siempre está hablando. Y sólo el silencioso puede oír en las palabras de las demás personas lo que verdaderamente importa; lo que vibra por debajo de toscos conceptos; lo que realmente se quiere decir; el tono que lo envuelve todo y que hace que con frecuencia una palabra tenga un significado completamente distinto del que transmite por fuera. Y solo quien sabe callar oye a Dios.

Callar no significa estar mudo, desde luego que no. El recto callar es el contrapunto vivo del recto hablar. El silencio es la fuente de la que mana el habla. Se le nota al habla si procede del silencio o no. Lo que procede del silencio es redondo y pleno, como la canción matutina del corazón reconfortado. Hablar degenera en parlotear cuando no le acompaña el silencio. Solo en el silencio fluye la vida, se hace acopio de fuerza, gana claridad lo interior y las ideas y sentimientos toman su forma más pura. Gracias al silencio lo que queremos decir en nuestro interior adquiere su figura esencial y verdadera. Solo quien sabe callar rectamente sabe hablar rectamente. La palabra solamente llega a ser plena y clara cuando procede del silencio.

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