El final del Proceso

MAS PACTA LA PREGUNTA DE LA CONSULTA: "¿QUIERE QUE CATALUÑA SEA UN ESTADO?"La burbuja independentista se deshincha. Los balcones de Barcelona retiran las esteladas, el viento barre la hojarasca amarilla de las calles y los prohombres soberanistas llaman a arrebato por el “enfriamiento del proceso”. Los estandartes independentistas izados en la entrada de los pueblos van tomando un aire arqueológico y se convierten en un lugar de memoria de un tiempo histórico que va adentrándose en el pasado. Hace unas semanas que el famoso Proceso agoniza. Hagámosle una autopsia previa, ante su próxima defunción, y apuntemos seis causas inmediatas y remotas que explican la situación en la que nos hallamos.

1. El espectáculo grotesco de las últimas semanas. Pocas veces había presenciado la política catalana una opereta tan surrealista como la que han venido oficiando Artur Mas y Oriol Junqueras. En este extraño baile de la muerte, el personaje más perverso es el actual presidente de la Generalitat. Porque no es normal despreciar de una forma tan evidente a la gente de su partido, pretender la unidad lanzando una propuesta pública no pactada o exigir la exclusiva de los independientes. En una democracia del siglo XXI, no es normal tampoco proponer la suspensión de los partidos políticos y su sustitución por un movimiento nacional con un único punto en el programa. Con este tacticismo constante y marrullero, Mas se está erigiendo en un representante prototípico de la vieja política, entendida en su peor acepción.

2. La amargura del éxito. El independentismo vendió la votación del 9 de noviembre como una jornada histórica y un éxito sin precedentes. Pero conforme pasan las semanas se comienza a percibir esa fecha más como el canto del cisne que como el paso definitivo del soberanismo. Votó mucha gente, sin duda. La misma que había votado a los partidos soberanistas en las últimas elecciones. Es decir: después de dos años de una matraca constante y de una propaganda agotadora, quedó claro que el independentismo no había crecido significativamente ni había logrado penetrar en espacios clave como el cinturón industrial. Seguía siendo un movimiento principalmente ligado a la antigua Cataluña carlista.

3. El factor Podemos. El nerviosismo del independentismo se disparó después del míting de Pablo Iglesias en Barcelona. La casta soberanista se vio amenazada y tildó de “casposo” y “caballo de Troya” al predicador de la coleta. No tanto porque Podemos reniegue del derecho a decidir, que defiende, sino porque centra el eje del debate público en la cuestión social. De esta manera, rompe el discurso hegemónico en Cataluña. Dicho de otro modo, Podemos no ha querido entrar, de momento, en el régimen nacional catalán, que abraza desde CIU a la CUP, pasando por ERC e ICV. De hecho, Podemos ha dejado en falso a los partidos de la izquierda nacionalista, que llevan dos años replicando el relato y dando coba a Convergencia.

4. La inestabilidad en Europa. El contexto internacional se ha vuelto sumamente desfavorable para el independentismo. Con una Europa muy nerviosa por la situación en Grecia y conmocionada por la extensión internacional de yihadismo, la cuestión catalana queda relegada como un tema menor y molesto. Seamos francos. ¿Alguien cree de verdad que, dada la situación presente, a la Unión Europea o a Estados Unidos les interesa un escenario de inestabilidad en el Mediterráneo? Hay que empezar a decir y plantear las cosas en su crudeza y acabar con esta matraca que, como reconoció el Conseller Vila, ha servido para tapar los recortes durante dos años. Las cosas claras las ha dicho, precisamente, Jürgen Habermas, que ha equiparado el soberanismo catalán con los nuevos populismos que recorren Europa.

Pero más allá de los acontecimientos de estas últimas semanas, hay algunos factores de larga duración que han ido preparando el crepúsculo del Proceso.

5. La actitud del gobierno español. El independentismo había planteado un escenario de confrontación con el gobierno central. Un proceso fuertemente dialéctica alimentado por una dura respuesta desde Madrid. Creo que es riguroso históricamente afirmar que, en doscientos años, ningún gobierno español había respondido con tanta serenidad  a un desafío nacionalista. Una serenidad acompañada de firmeza en los principios que ha dejado sin gasolina el motor de la confrontación y el odio que empujaba el discurso independentista.

6. La recuperación económica. El independentismo ha sido un movimiento de respuesta a la durísima crisis socioeconómica. El sufrimiento social ha sido sublimado con la proyección de un Estado futuro idílico, donde todos los males se verían conjurados. Es el típico recurso infantil. Ahora que la crisis retrocede, disminuirá también la necesidad de acogerse a un consuelo tranquilizador basado en la construcción de una utopía nacional.

Ya pueden Artur Mas y Oriol Junqueras ir hablando. Ya pueden hasta llegar a pactar un avance electoral. Ellos saben que, hagan lo que hagan, el Proceso ha muerto. Descanse en paz en los libros de historia y en los estudios de la antropología cultural.

[Artículo publicado en el diario E-Notícies, el 9 de enero de 2014: http://opinio.e-noticies.cat/la-punteta/la-fi-del-proces-91163.HTML%5D

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