“Cataluña: tragedia y esperanza”. Conferencia en el Club Siglo XXI

“No nos conformamos con el empate permanente. Estamos convencidos que es posible dejar atrás la noche del Procés, superar el marco estrecho del nacionalismo y lograr una nueva mayoría en Cataluña que se sienta vinculada y protagonista del proyecto común español.”

 

Conferencia pronunciada el 19.IX.2019 en el Club Siglo XXI, por Fernando Sánchez Costa, presidente de Societat Civil Catalana  

Muchas gracias, Anna [Balletbó], por estas palabras tan cariñosas. Gracias por haber aceptado, con tu prestigio y trayectoria, presentarme.  Es un honor contar con la introducción de una mujer pionera,  política de Estado, llena de energía e inteligencia. Nos diferencian muchas cuestiones ideológicas. Pero nos une algo principal: la pasión clara por nuestra tierra y la convicción de que Cataluña es incomprensible sin su participación en el proyecto español.

Lamentablemente, desde hace unos años nos une también el dolor que hemos sufrido al ver cómo la imprudencia de la clase política nacionalista devastaba Cataluña. Eso nos llevó a salir a la calle el 8 de octubre de 2017, en la gran manifestación organizada por Societat Civil Catalana, y allí nos encontramos para siempre.

Me siento emocionado de estar hoy aquí, en este espacio tan ilustre donde la palabra abierta y constructiva ha ido configurando los contornos de nuestra democracia contemporánea.

Desde el año 1969, ya en el ocaso del franquismo, el club Siglo XXI ha sido un instrumento principal para tejer nuestra democracia en un clima de tolerancia y libertad.

La democracia no es un hecho dado y garantizado. La democracia es un tapiz que debemos recoser y mejorar cada día. Porque las democracias también enferman. Lo hemos visto en Cataluña, corroída por la gangrena nacional-populista. Las democracias también mueren. Y para evitarlo debe haber espacios de encuentro e inteligencia como este.

Me siento muy honrado de intervenir hoy en este espacio, donde reverberan, en cada rincón, los ecos y las palabras de la historia. También los ecos y las voces de tantos catalanes ilustres que han pasado por esta sala y que han sido constructores de nuestra España contemporánea.

Fueron catalanes orgullosos de sus raíces y profundamente ligados a su tierra, y al mismo tiempo catalanes que tuvieron siempre un compromiso inequívoco con ese proyecto común al que llamamos, desde hace siglos, España.

Al fin y al cabo, catalanes típicos. No la excepción, sino la regla. Porque ese doble patriotismo, esa doble identidad, ha sido, desde hace siglos, el rasgo distintivo de los catalanes. Los ejemplos son inumerables. Por eso el proceso independentista no solo ha supuesto una deslealtad histórica con el Estado, sino que ha conllevado la ruptura de la mejor tradición catalana.

Entiendo el discurso de que la independencia de Cataluña supondría una dolorosa amputación para España. Aunque me gusta enfocarlo al revés. Sobre todo, sería un tremendo desgarro interior y un estrechamiento para los catalanes, que perderíamos una realidad cultural, política y humana que es muy nuestra y que supone el ámbito principal de nuestro crecimiento.

Amigas y amigos. Hoy siento también el vértigo de la alternativa. Es la primera vez que intervengo en un foro público en Madrid. Creo que a todos los españoles nos gusta venir a Madrid. Esta ciudad siempre ha sido la capital de España; pero ahora es, también, su corazón y su síntesis. Madrid es hoy más que nunca encrucijada de las gentes y del talento de todas las Españas. Para todo aquel que llega a esta ciudad con la ilusión del futuro, Madrid es una verdadera geografía de la esperanza.

Precisamente a mí me gustaría que toda mi intervención se escribiera sobre la partitura de la esperanza. Hablaremos también, como reza el título, de la tragedia catalana y de sus motivos. Pero me gustaría acentuar los tonos de optimismo.

¡Es posible dar la vuelta a la situación! Estamos mejor que hace dos años. Hay condiciones objetivas para que una mayoría de catalanes vuelva a sentirse vinculada al proyecto común español. Por eso es imperativo pasar del lamento a la acción. Ya nos hemos lamido suficiente las heridas.

Digámoslo claro, aunque sea duro. El problema catalán es, en buena medida, un problema español. Si nuestro país no estuviera, especialmente desde la crisis, bajo el signo de un ánimo depresivo, si nuestra autoestima nacional no fuera baja, si nuestro compromiso no fuera anémico, no hubiera emergido este triste proceso nacional-populista de segregación.

Por eso, más que en ceder competencias a los nacionalistas, la solución al problema catalán pasa por reforzar nuestra nación constitucional con un proyecto claro y atractivo de futuro. Más y mejor España. Este es el camino para recoser nuestra realidad territorial.

Debemos reforzar los mimbres de la nación. También la nación moderna, en el sentido más político e ilustrado, más cívico del término, requiere de una mínima memoria compartida y de un cierto horizonte en común. La nación, por tanto, debe trabajarse.

Conservar esa memoria y dibujar ese horizonte es tarea de los políticos, pero es también una responsabilidad de la ciudadanía y de la sociedad civil.

En Societat Civil Catalana hace ya cinco años que decidimos asumir la responsabilidad que nos correspondía y pusimos a andar nuestro sueño. Ahora hemos aprobado, tras un largo periodo de participación interna, un nuevo plan estratégico.

Me gustaría dedicar los próximos minutos a desarrollar brevemente los ejes principales de este plan. ¿Qué es Societat Civil Catalana? ¿Hacia dónde va? ¿Qué quiere hacer estos próximos tiempos?

Empecemos por entender qué es nuestra asociación, cuál es su misión. En pocas palabras,  Societat Civil es una entidad autónoma que defiende una Cataluña pujante, cívica y abierta dentro de una España unida en su diversidad.

Somos una herramienta, un instrumento útil para que ciudadanos de distinta procedencia ideológica puedan unir sus esfuerzos para superar esta larga noche del Procés y para reforzar los lazos de fraternidad con el resto de España.

Somos una entidad transversal abierta a todos los demócratas que respetan el marco constitucional. En nuestra asociación hay personas de izquierdas y derechas, autonomistas, federalistas, catalanistas, centralistas. Los límites son el sentido democrático, el respeto por el Estado de Derecho y la convicción de que unidos estamos mejor que separados. Nuestra divisa es y será siempre “Constitución y concordia”.

 

***

Para poder ser eficaces, hemos llevado a cabo un análisis de la situación política y social en Cataluña.

Sentemos una premisa principal. El Procés separatista -entendido como la creación unilateral de la República catalana – ha sido desbaratado por el Estado de derecho. Las instituciones de nuestra democracia, la unidad de los partidos, la firmeza oportuna de la Corona  y la movilización de la ciudadanía frenaron el golpe.

Me atrevo a decir que Societat Civil ha tenido un papel significativo en este descarrilamiento. Fuimos importantes para romper la espiral de silencio. Y fuimos decisivos después para dejar patente que Cataluña no era patrimonio exclusivo de los nacionalistas, sino que los no-independentistas éramos mayoría.

El separatismo disparó su última bala al proclamar la independencia. El Gobierno y el Estado actuaron con la firmeza necesaria, y la República catalana se desmoronó de inmediato. Ya no hay más chantajes posibles.

La realidad es que muchos políticos nacionalistas y la mayoría de la población catalana sabe bien que la partida se ha terminado. Lo hemos visto con el pinchazo de la Diada, que es un jalón más en la desmovilización progresiva desde la aplicación del 155.

Todo ello no implica que el Procés haya muerto. Está vivo, en un triple sentido. Por un lado, la élite política del entorno de Puigdemont y Torra siguen propugnando la secesión y apuestan por una estrategia de “confrontación” abierta. Esta revolución anarco-burguesa al alimón entre las instituciones y la calle tiene nueva fecha de arranque: la sentencia del Supremo.

Torra es una calamidad para Cataluña. Torra es la expresión del líder nacional-populista, que ha olvidado que una sociedad sin Estado de Derecho es una estepa donde el hombre es un lobo para el hombre y donde reina sólo el poder del más fuerte.

Su apuesta por la confrontación, su apología de la desobediencia, su falta de empatía están degradando del todo el prestigio de las instituciones catalanas. Y el resultado es muy nefasto: la mitad de catalanes empezamos a sentir una verdadera desafección y desconexión frente a la Generalitat y frente a tantos organismos de autogobierno puestos al servicio de la propaganda.

En segundo lugar, otros sectores del independentismo apuestan por una ralentización de la marcha. Es el caso de ERC. Pero su objetivo sigue siendo el mismo, la ruptura de nuestro país. Son definidos como posibilistas, aunque lo que son es más astutos. Apuestan por una ampliación de base que haga la independencia inevitable. Luces largas y asuntos sociales, dicen. Y avanzan.

El tercer frente del Procés que sigue vivo es el internacional, donde el separatismo fía sus esperanzas. La propaganda no cesa nunca, y por eso es tan de agradecer la laborar del MAEC.

Pero la tragedia no reside en que los políticos nacionalistas se hayan dejado llevar por una hybris nacional-populista. Lo trágico es que esta estrategia sin frenos ha roto la sociedad. El lustro negro catalán nos ha dejado una sociedad partida, triste y exhausta. Para dar voz y poner rostro a esta devastación hemos creado la Plataforma d’Afectats pel Procés.

En vez de cohesionar, el Procés ha acentuado las fracturas clásicas en Cataluña: clase, territorio y lengua. Las clases trabajadoras han mantenido su sentido español, mientras el independentismo ha calado en las rentas superiores. Las zonas rurales han abrazado el independentismo, mientras las ciudades metropolitanas y costeras han permanecido constitucionalistas.

La inmensa mayoría de catalano-hablantes han sustituido su catalanismo tradicional para sumarse al relato independentista, mientras los castellanohablantes se han mantenido leales al doble sentimiento de identidad. Si queremos desempatar y ganar esta partida, debemos tener muy presente la vinculación que existe entre lengua, medios de comunicación y voto.

A pesar de la tragedia vivida, el bloque independentista se mantiene en el mismo porcentaje de voto desde 2012. De algún modo, la racionalidad política ha sido sustituida por una dinámica de adscripción emocional inamovible.

Digámoslo claro: hace tiempo que lo que sucede en Catalunya es más una problemática emocional y simbólica que una cuestión estrictamente jurídica o política. Y es una problemática porque emociones y símbolos son los materiales que la propaganda nacionalista manipula sin descanso.

Sabemos que esta acumulación emocional puede desbordarse con la sentencia del Supremo. Como decía este domingo una columnista independentista, “la respuesta a la sentencia es nuestra última oportunidad, como mínimo en una década, para acabar el trabajo comenzado el 1 de octubre”.

Ciertamente, ante este escenario sería mejor tener un gobierno estable y en plenas funciones ejecutivas. Por eso hemos apelado durante estos meses a la entente constitucionalista.

Pero en cualquier caso hacemos un llamamiento nítido a la unidad  constitucionalista ante la próxima sentencia. El bloqueo político no puede impedir una respuesta firme y unitaria a cualquier escenario insurreccional. El gobierno en funciones ha dejado claro que hará cumplir la Constitución en cualquier escenario. Y estamos convencidos también que los demás partidos constitucionalistas actuarán con sentido de Estado.

Amigos y amigas. Hemos vivido unos años trágicos. Cataluña presenta un ecosistema político muy contaminado y una sociedad rota. Sin embargo, también hay motivos para la esperanza, y es importante subrayarlos.

En primer lugar, hay una mayor conciencia sobre las causas del Procés y los errores que no podemos volver a cometer. Es bien conocido el minucioso plan de fomento de conciencia nacional desplegado por el pujolismo, así como la casi completa hegemonía ejercida por el nacionalismo en la cultura, los medios, la educación y las instituciones. Todos lamentamos también la práctica desaparición del Estado del espacio público catalán.

Pero fijénse: a pesar de la hegemonía cultural nacionalista, a pesar del uso intensivo del sistema de enseñanza, de TV3 y de la propaganda de estos años, el independentismo no ha logrado nunca superar el 50%.

Más aún, dos de cada tres catalanes siguen sintiéndose también españoles. En todas las encuestas, cuando la respuesta no es binaria, el número de personas que apuestan por una solución dentro de España es claramente superior a quienes abogan por la ruptura.

Frente a todos los temores, el artículo 155 se aplicó con normalidad, demostrando una vez más que la firmeza democrática es muchas veces el mejor servicio al bien común.

Ello fue posible, también, porque las manifestaciones constitucionalistas de octubre quebraron el falso mito del unanimismo catalán. El mes de octubre de 2017 significó la consolidación de un nuevo sujeto político: la Cataluña silenciada.

Este es el mayor motivo para la esperanza. El Procés ha generado una primavera constitucionalista en Cataluña.  También es histórico que un partido constitucionalista, Ciudadanos, haya sido primera fuerza en nuestra tierra.

En este escenario, ¿hacia dónde va Societat Civil Catalana? Me limitaré a señalar cuatro o cinco líneas de actuación principales. Pero todas ellas tienen un objetivo fundamental: desempatar la situación.

No nos conformamos con el empate permanente. Estamos convencidos que es posible dejar atrás la noche del Procés, superar el marco estrecho del nacionalismo y lograr una nueva mayoría en Cataluña que se sienta vinculada y protagonista del proyecto común español.

Para eso necesitamos una entidad fuerte, respetada y musculada. Estamos en un proceso de transformación interna. Vamos hacia un modelo de asociación muy participativa, con una coresponsabilidad alta de los asociados. Queremos crecer, aumentar el número de socios de pleno derecho, multiplicar la estructura de las agrupaciones, hacer más eficaces las sectoriales.

Societat Civil quiere contribuir a cambiar el marco hegemónico en Cataluña. Para ello, es imprescindible reforzar nuestra implantación territorial y, sobre todo, ser un agente cívico con capacidad de influencia en todos los sectores sociales, económicos, sindicales, culturales y profesionales.

Necesitamos más musculatura. Por eso queremos multiplicar por diez el número de pequeños donantes, y por eso estamos desarrollando una estrategia de fundraising y de merchandaising, que va de la mano de una política de transparencia y de compliance de buenas prácticas empresariales.

No quiero dejar de aprovechar la ocasión para animarles a todos ustedes, que llevan el Estado en la cabeza y a España en el corazón, a hacerse socios, simpatizantes o colaboradores.

¿Y toda esta energía para qué? Pues para lograr tres objetivos principales. 1) Defender los derechos y dar voz a los catalanes constitucionalistas; 2) Configurar una nueva cultura cívica y de concordia en Cataluña; 3) Lograr que la mayoría de catalanes vuelva a sentirse vinculada con el proyecto común español.

 

 

***

Vayamos al primer objetivo: defender los derechos y libertades, movilizar y dar voz a los catalanes constitucionalistas.

Pongamos las cartas sobre la mesa. ¿Está Societat Civil Catalana por el diálogo dentro de la Constitución? Sí. ¿Somos partidarios de encontrar caminos para superar este periodo sombrío? Sí. ¿Queremos hacerlo como se ha hecho estos últimos cuarenta años? No.

En otras palabras, los catalanes constitucionalistas no queremos volver a ser moneda de cambio de un pacto entre élites de Barcelona y Madrid. Lo que no puede ser es que la negociación política consista en cómo satisfacer a los nacionalistas.

Nosotros no queremos apaciguar para volver al status quo pujolista. Queremos serenar para construir entre todos una nueva Cataluña, pluralista e inclusiva. Y tenemos nuestras condiciones.

La Cataluña silenciosa se ha empoderado, ha tomado consciencia de que también es actor político. No es posible, por tanto, superar la situación asumiendo un mero diktat nacionalista.

Por eso la Junta de Societat Civil Catalana está discutiendo un decálogo de condiciones para que la normalidad democrática pueda volver a Cataluña. Expongo muy brevemente este decálogo que está en discusión y no es definitivo. Precisamente por ello es bueno abrirlo al debate para brindarles la posibilidad de enriquecerlo. Estas son nuestras condiciones para el futuro.

Primero. “Hacer normal en las instituciones lo que es normal en la calle”. Este es el meollo de todo lo que solicitamos. Después del franquismo se llevó a cabo una necesaria normalización de la vida pública en catalán. Pero la presión nacionalista acabó convirtiendo esta normalización en imposición unilateral.

Por eso ahora es muy necesaria una segunda normalización, que reconozca la riqueza interna de la cultura catalana, que se expresa en catalán y en español. Nuestro idioma común no puede desaparecer ni ser tratado como lengua extranjera en el espacio público ni en las instituciones catalanas.

Segundo. Neutralidad de las administraciones públicas. Durante estos años, todo el sistema se ha puesto al servicio de un proyecto ideológico partidista. Cuando las instituciones de todos se subordinan a los intereses de la clase dirigente, el pluralismo y la democracia están en riesgo. Eso es exactamente lo que ha pasado en Cataluña.

Tercero. Exigimos también la descolonización ideológica del espacio público. El nacionalismo debe dejar de apropiarse y de señalarlo todo, también las calles, como si Cataluña fuera su propiedad o su masía privada.

Cuarto. Fin del sistema de inmersión lingüística.  Ha llegado la hora de romper el tabú del modelo obligatorio de escuela monolingüe en catalán, que es claramente discriminatorio y no responde a nuestra realidad cultural e histórica.

La misma Generalitat se da cuenta de que su modelo lingüístico tiene difícil justificación, y por eso, desde hace dos años, la propia Conselleria está abandonando el concepto de “inmersión”. También en la escuela deben ser normales las dos lenguas oficiales de Cataluña, como son normales en la calle.

Quinto. Despolitización de los Mossos, que deben actuar siempre con sentido de lealtad institucional y constitucional.

Sexto. Pluralización de los medios de comunicación, que deben dejar de ser espacios de propaganda partidista.

Séptimo. Respeto al Estado de derecho y renuncia a la unilateralidad. No tengan ninguna duda que siempre defenderemos nítidamente el Estado de Derecho como premisa de la convivencia y valor nuclear en una democracia moderna.

Octavo. Cese de la política clientelar. El presupuesto público no puede dedicarse a extender postulados ideológicos y a crear condiciones clientelares sobre el entramado asociativo.

Noveno. Reforma de la ley electoral. Es importante romper el candado de la ley electoral. El Estatut limita de forma injustificable el número de diputados por Barcelona, tratando a los cuatro millones de barceloneses como catalanes de segunda.

Décimo. Auditoría del Procés. Exigimos que se lleve a cabo una auditoría para esclarecer cuánto dinero público se ha destinado estos últimos años a romper el marco constitucional y a impulsar un proyecto de segregación política.

En síntesis: Diálogo, sí. Imposición y diktat nacionalista, no. La Cataluña mayoritaria y silenciada quiere que ahora también, por fin, se oiga su voz. 

Societat Civil Catalana defiende y defenderá con firmeza los derechos y libertades de los catalanes no independentistas. No solo les da voz, sino que es un espacio de encuentro, oxigenación, agrupación y movilización. Y les tengo que decir que este es uno de los principales orgullos de nuestra entidad.

Tan importante como haber sacado un millón de personas a la calle, es que caminaran de la mano líderes y bases del PP, del PSC y el PSOE, de Ciudadanos, del catalanismo no rupturista y de la izquierda alternativa.

Ese es el principal honor de SCC: ser un espacio abierto y no-partidista, donde aprendemos y nos enriquecemos mutuamente. En este sentido podríamos decir que Societat Civil Catalana es la vivencia del mejor espíritu de la Transición.

Lo que hemos pasado estos años ha sido muy duro. La presión ha sido tremenda. Y eso nos ha unido para siempre a los constitucionalistas catalanes. Y por eso Societat Civil siempre pide, al menos, una sintonía fundamental entre partidos con sentido de España y de la Constitución.

Amigos y amigas. Yo no sé qué fórmula exacta hay que adoptar. No sé quién debe dar el primer o el último paso. No sé si debe ser ahora o más adelante y con qué condiciones. Sólo sé que hoy es mejor que de aquí a dos meses.

Sólo sé que la mayoría de constitucionalistas catalanes les pedimos sentido de Estado, sentido de España, compromiso con la Constitución y generosidad política. Es mucho lo que nos jugamos. El patriotismo se mide, al fin y al cabo, por los gestos valientes que uno toma por el bien de su país.

Vayamos, si es necesario, a las urnas, pero trabajemos, después, para un gobierno fuerte y estable de amplia base constitucional, que defienda la Constitución y lleve a cabo un proyecto político ambicioso de renovación nacional que deje al separatismo en la periferia del debate público.

 

***

Paso a la última parte de mi exposición. Fijénse que hasta ahora he expuesto cómo Societat Civil Catalana defiende a una parte de la población catalana y sus valores.

Pero no podemos quedarnos sólo allí. Somos más ambiciosos. Como decía antes, queremos contribuir a deshacer el empate permanente. Queremos ser parte activa de la superación del nacionalismo divisivo. Tenemos hambre de victoria.

Es evidente que hay un 20% de independentistas de toda la vida que siempre seguirán siéndolo. Pero también hay una franja muy amplia de personas que se han subido al tren y ahora mismo están dudando si apearse. La inmensa mayoría de ellos, catalano-hablantes.

Con nuestra actitud, con nuestro tono, con nuestro mensaje, queremos contribuir a la revinculación de muchas de estas personas con la idea de España, queremos convencerles de que la ruptura y la independencia no son la mejor opción, que hay alternativas mucho más integradoras y ganadoras para todos.

Amigos y amigas. No podemos dejar solo a Esquerra Republicana la ampliación de base. Evidentemente, es una obligación democrática decir que NO a cualquier planteamiento que se salga del marco constitucional… Pero además hay que arremangarse, hay que persuadir, hay que desplegar una estrategia política, jurídica, cultural, económica, mediática a todos los niveles.

Es posible dar la vuelta a la situación si ponemos voluntad política, inteligencia estratégica y, sí, también recursos económicos.

¿Y eso cómo se hace? Podemos profundizar en el coloquio. Pero tengamos presente siempre que una cosa son los líderes separatistas que nos han llevado al desastre y otra cosa son esos cientos de miles de personas que se han dejado fascinar por el proyecto de ruptura y que ahora viven un momento de duda y desilusión.

No hay soluciones mágicas para lograr la reconexión política, social y cultural. Pero déjenme esbozar algunos caminos.

En primer lugar es fundamental prestigiar de nuevo la idea de España en Cataluña.  Es un concepto que tomo prestado de mi amigo Alejandro Fernández. El nacionalismo catalán ha tenido siempre un tono supremacista de desdén hacia lo español. Pero la denigración de España ha alcanzado cotas insuperables.

Para muchos catalanes, España es una pintura negra. Algún día pediremos cuentas políticas a los difusores de tanto veneno. Pero mientras tanto necesitamos una potente estrategia cultural y mediática que revele la verdad de nuestro país.

Una estrategia que nos permita comprender que, para los catalanes, España no es un problema, sino que es una gran plataforma de oportunidades. Juntos ganamos. El deporte es una buena metáfora. ¿Hubiéramos ganado el mundial de fútbol y los dos mundiales de baloncesto sin los jugadores catalanes? Difícil. ¿Hubieran podido los catalanes solos ganarlos? Tampoco. Aquí está, en ejemplo gráfico, el resumen de lo que es España.

En segundo lugar, es fundamental superar la falsa dicotomía y los antagonismos creados entre lo catalán y lo español. El nacionalismo catalán se ha empeñado en presentar como contradictorio lo que es perfectamente articulable.

Debemos romper la falsa dialéctica nacionalista entre la alteridad española, el “otro español” y el “nosotros catalán”. Superar esta dicotomía, entender la profunda imbricación entre Cataluña y el resto de España, comprender que España no es “lo otro”, sino algo “muy nuestro”, es ya quebrar el relato separatista.

Tan importante como recuperar la autoestima nacional, sobre todo en Cataluña, es comprender que este país nuestro, con sus virtudes y defectos, es fruto también de la huella catalana. No es el país vecino, es “nuestro país”, “el país que hemos hecho”, con sus aciertos y errores. ¿O no es la constitución del 78, en buena medida, una expresión de los anhelos seculares del catalanismo?

Si queremos superar las falsas dicotomías es conveniente avanzar en la vía del doble reconocimiento. Es bueno que las instituciones estatales sigan profundizando en el reconocimiento de nuestra pluralidad interna, y es necesario que las instituciones catalanas asuman de una vez la pluralidad constitutiva de la cultura catalana.

Seamos claros. Lo cierto es que la Constitución española reconoce desde el principio ese pluralismo cultural y lingüístico, mientras que ni el Estatut ni la Generalitat asumen que Cataluña también es una confluencia y que su cultura es, desde hace siglos, dual y mestiza.

No hay que temer al pluralismo y a la diversidad. A lo que hay que temer y poner coto es a la deslealtad. El problema es la deslealtad de quienes utilizan las herramientas de autogobierno para desguazar España. Por eso nuestra democracia tiene la obligación moral de recuperar mecanismos de control y disuasión frente a quienes revierten el uso de las instituciones.

Quizá es hora de recuperar el recurso de inconstitucionalidad previo y, sobre todo, de volver a tipificar como delito la convocatoria ilegal de referéndums.  

Es fundamental, también, tender puentes simbólicos. Puentes son ámbitos de encuentro. Pero los puentes son también símbolos, metáforas, figuras, relatos, lugares de memoria, todos los contenidos culturales que nos liguen y establezcan conexiones afectivas y efectivas entre los catalanes y el resto de españoles.

Puentes son, por ejemplo, la conmemoración de los catalanes que han hecho la España contemporánea: Aribau, Balmes, Prim, Cambó, Tarradellas, Pla, Miró, Dalí. Puentes deberían ser películas, series de televisión y espacios físicos convertidos en lugares de memoria compartida como el monasterio donde los Reyes Católicos recibieron a Colón.

Y la tercera vía para vincular de nuevo a la mayoría de catalanes con la idea y la vida de España es acentuar el discurso del futuro. Es lo que en nuestro plan estratégico llamamos “ganar el futuro, o el estilo de la esperanza”.

He estado tentado de traerles materiales propagandísticos de la ANC. Quería hacerlo para mostrar cómo la estrategia de comunicación del Procés se ha basado, sobre todo, en dibujar un horizonte de esperanza y de mejora social en un momento de profunda crisis económica. Y en política, quien gana el futuro domina el presente.

Acabamos de editar un libro con las mejores intervenciones en nuestra última escuela de verano. Hay un texto especialmente valioso del director de estrategia de los conservadores escoceses, donde reflexiona sobre el mejor camino para vencer al separatismo escocés. Para eso hay que comprender bien a tus contrincantes. Eddie Barnes lo hace así:

“Fue una cuestión de esperanza. Un deseo de cambio. Una creencia patriótica de que Escocia podría ser mejor de lo que era. Si realmente creemos en la Unión, nuestro objetivo no debería ser simplemente demostrar los inconvenientes de la independencia. Nuestro objetivo debe ser persuadir a las personas que apoyaron la independencia de que la Unión puede trabajar por ellos”.

En momento de zozobra muchos catalanes se han refugiado en las promesas utópicas de la República Catalana, igual que muchos británicos se han abrazado a la tierra prometida del Brexit. La propaganda ha sido similar. Pero ahora ese paraíso de la República se ha demostrado un escenario de cartón piedra que ya no aguanta más el peso de la realidad.

Ahora que el truco se desmorona es momento de ofrecer al conjunto de españoles -y por tanto a todos los catalanes- un horizonte de futuro realista y al mismo tiempo ilusionante, que haga de España una invitación y una tarea cívica compartida.

Ortega y Gasset explicó magistralmente que estar vivo es, sobre todo, tener un proyecto, una pretensión y una ambición de futuro. Lo es en la vida personal y lo es la vida nacional, que tiene algo de sueño en común. Dice Ortega: “los grupos que integran un Estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven por estar juntos, sino para hacer algo juntos”.

Por eso en Societat Civil organizaremos estos próximos meses muchos debates sectoriales sobre el futuro que queremos para nuestro país. Invitaremos a personalidades muy diversas. Pero todos ellos mirarán en la misma dirección, hacia la renovación y mejora de España. La generación de la Transición soñó la España del 2020. Ahora ha llegado el momento de imaginar la España del 2050. Y esa mirada y esa reflexión colectiva es ya unidad.

Se habla mucho del frame y del relato político. Pues bien. En realidad, el frame fundamental es la dirección de la mirada. Durante años, en Cataluña, todas las miradas han estado concentradas en si se lograba o no un futuro mejor con la independencia. Hemos de conseguir, amigos y amigas, que las miradas converjan sobre cómo mejorar y reimpulsar esta España que tanto queremos.

Acabo, amigos y amigas, donde comenzaba. Es hora de sacudirse el pesimismo. Ante su crisis constitucional más grave desde el 23F, España ha demostrado que es un Estado ólido, con partidos con sentido de Estado y de la responsabilidad.

Tenemos una sociedad viva y abierta, un capital humano increíble, un clima extraordinario, un talento creativo indiscutible; tenemos infraestructuras, instituciones sólidas, quinientos años de historia y un patrimonio universal.

Quizá nos falta solamente la audacia de creer en nosotros y la determinación de vencer y superar esta ola triste y fría del Procés.

Que España es una realidad por la que vale la pena luchar lo hemos demostrado, durante cinco años, los constitucionalistas catalanes. Hemos dedicado tiempo, energías y prestigios a la batalla democrática de la continuidad de nuestro país.

Confiamos en ustedes. Confiamos en su apoyo. Confíen en nosotros. Y entre todos lograremos que la convivencia constitucional regrese a Cataluña. Pueden contar siempre con Societat Civil Catalana. Muchas gracias.

 

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